Han pasado algunos meses, recuerdas toda tu vida, año tras año, minuto a minuto; observas y todo a lo que antes dabas la mayor importancia ya no es nada, se ha acabado. Han terminado todos esos momentos junto a la persona que más quieres.Los abrazos, los besos, las caricias, cada palabra dicha, todo ha volado, ha volado muy lejos y se ha ido para siempre, fuera de sí.
Rememoras todas las promesas, las hechas y no hechas, las vidas que han prometido pasar contigo y las que no han pasado. Recuerdas cuando temblaba todo tu cuerpo al verle, como tu corazón latía con fuerza y rapidez, como pasaba de ti y tus ojos se llenaban de lágrimas que querían recorrer todo tu rostro, pero no lo permitías, querías ser fuerte, te convencías de que ya no sentías lo mismo, que todo había acabado y estabas bien, contigo misma y con las personas que tenías a tu alrededor.
Como si de un disparo se tratase, una bala que llega a ti y te destroza, te corroe y rompe por dentro, te llega y te hace sufrir.
Notas como la rabia corre por tus venas, llena de impotencia y furia, te hace gritar, echar a correr, marcharte, te presiona en el pecho y apenas te deja respirar, y sientes que mueres, que te vas...
Pero el fracaso fortifica a los fuertes, y quieras o no, todos lo somos, todos tenemos una parte que hace que nos levantemos, algún motivo por el que seguir adelante y no parar, seguir caminando hasta alcanzar por fin la felicidad.
Es momento de comenzar algo nuevo, de levantar de una vez la cabeza, bien alta, sonreír y estar segura de ti misma, permanecer ahí, dispuesta a todo y a ser feliz.
Ahora solo tu eliges con quien realizar el camino...
