jueves, 9 de mayo de 2013

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Era más que un cuerpo, más que unos ojos y más que una personalidad. Era el amor de mi vida.

Duele.

Das toda tu confianza en una persona, creyendo todas y cada una de las palabras que dice, te desvives por sacarle una sonrisa y que cada detalle de ti sea de su agrado, mientras que, ciego de amor, no te das cuenta de que no recibes lo mismo.
El miedo se apodera de ti y dudas, dudas hasta de ti mismo. Descubres que personas que jamás lo esperabas te mienten y la rabia te consume cada vez más y más, poco a poco...
No quieres perder a esa persona, pero notas que cada vez está más lejos, que tú solo no puedes mantener la unión, que esto también es cosa de dos.

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Hay diez centímetros de silencio entre tus manos y mis manos, una frontera de palabras no dichas entre tus labios y mis labios, y algo que brilla así de triste entre tus ojos y mis ojos.

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Hay corazones sin sentido, corazones que no sienten, corazones prohibidos y corazones enamorados delicadamente.

Por mucho que lo intente.

No deja de pensar en cómo le acariciaba la mejilla con cuidado mientras, seguidamente, le plantaba un beso suave y dulce en sus labios.
No puede olvidar la manera que tenía de quitarle la ropa, o simplemente la facilidad que tenía para hacer que se perdiera en un mar de sensaciones.
Recuerda su sonrisa, por la que era capaz de interponerse a lo que fuera.
Es incapaz de dejar a un lado su embriagador aroma, que le provocaba múltiples sensaciones. Se vuelve completamente loca al recordar sus suaves manos deslizándose por su cuerpo con todos los poros de tu piel erizados.
Rememora sus intentos de morderle la boca y sus intensos abrazos junto con su lengua que recorría todo su cuerpo para así, poco a poco, irse apoderando de todo su ser.
No deja de pensar cómo sus dos cuerpos se entrelazaban y se decían mucho sin articular ni una palabra.
Ahora, se le escapa una lágrima se tristeza al recordar todas aquellas que derramó de felicidad.
Se abraza a sí misma para aliviar su propio dolor y calmar su, ahora destrozado, corazón.
Intenta mantenerse en pie, pero la historia se repite y vuelve a caer en un sentimiento abrumador llamado dolor, más bien conocido como desenamoramiento.