viernes, 23 de agosto de 2013

Sollozos.

Mientras veía como se quemaban tus recuerdos,  la pequeña espina que habitaba en mi pecho se hundía sin dejar rastro. El fuego consumía todo a su paso y las cenizas iban aumentando poco a poco, guardando la pequeña distancia que mantenían con la llama, una llama compuesta por lágrimas, sonrisas y sufrimiento. Fue entonces cuando pude sentir como se marchitaba mi corazón y la manera en la que apretaba el puño presionando con fuerza a la tentación de romper en sollozos particularmente ocasionados por mi propia memoria.

No hay comentarios:

Publicar un comentario