No es cuestión de exagerar nada, ni mucho menos de fingir, tenía a dieta los sentimientos, evitando momentos en los que era más que obvio lo que sentíamos. Es probable que muchas veces nos asustemos, incluso de lo que podamos llegar a experimentar, entonces nos marchamos y lo dejamos todo, hasta que recapacitamos y corregimos. Corregimos, aunque no siempre corre la misma suerte. No siempre estarán dispuestos a recibirnos y a perdonar.
Con el tiempo apreciamos lo que tenemos, lamentamos lo que perdimos por ser completamente irracionales, injustos, idiotas, por no ser fieles a nuestro corazón.
Entonces lo sientes, lo tienes, lo valoras, y das el paso, avanzas y te vuelves ambicioso. Ambioso de su olor, de su tacto, de su sabor. Egoista. Y justo en ese momento sabes que nunca más se te escapará de las manos.
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